El Obrero

– Bueno, Candela o Socorro?

– Que, la reina o la culebra?

– La reina tiene que estar en un outfit sexy, eh. Algo nice..

– Si si si, ya lo dijiste… y la culebra toda atada con… que era eso que dijiste?

– Duct tape

– Duct tape, eso.

– No, Candi, dejate de joder… Rulo, cortala ya!

– Bueno

– No, bah, no la cortés así tampoco… bajala con la insistencia, querido… pensábamos que sí, tenías una faceta babosa y todo, pero no era para tanto. Cambiemos de tema… por ahora, todo un hallazgo, El Obrero…

– No puedo creen que nunca habían estado. Es un clásico… medio oculto, pero bueno…

– En el medio de La Boca, flaco…

– A veces ni yo lo encontraba… te juro… si estaba pasado de sustancias y era de noche tarde, tenía que patear toda la puta ribera para encontrarlo…

– Todo bien con el matambre con fritas, te digo…

– Es un lujo. Los jamones ahí colgados… el pinguino con el sifón, o los vinos carelli si preferís…

– Vos estabas la vez esa que dijiste que estuvo el Bono ese? O te contaron nada más o…

– No, me contaron, yo no lo vi. Yo nunca vi a nadie famoso.

– Y Moria?

– Bueno, Moria si, pero ya no creo que califique como famosa…

– Estás loco, Rulo! Es re famosa!

– Si, Socorro, por los motivos equivocados… es una vaca cagada a palos, la turra…

– Si, no, es una bocazas, una verguenza ajena, ja…

– Qué, nos vamos entonces a jugar al barbudo, la reina y la culebra? El barbudo ya sabemos quien va a ser. De gurí lo jugaba, ese juego…

– De gurí! Tomá, masticate esa…

– Si, lo hacía con los muñecos de los Temerarios, que eran como unas Barbis pero masculinos y musculosos, más una Barbie para la reina, más una culebra. De verdad si conseguía, pero la mayoría de las veces, de esas de chasco o lo que sean… de mentiras. Yo, junto con la Reina estaremos a cargo de someter y atormentar a la Culebra, siempre por supuesto más simbólicamente que a sopapos, se entiende…

– Mientes, mientes, con tus amarillos dientes… seguro que jamás atrapaste una de verdad… una culebra. En San Telmo no hay!

– Me deschavaste, Socorritos. Llegué a lograrlo, pero ya a edad madura… definitivamente más allá de los 20 y pico…

– Callate, Rulo. Venía todo tan bien.

– Siempre nos terminamos decepcionando de todos, eh Candi… la ley de la vida…

– SIempre tan positivo… que tipo optimista… No, no es eso, es solo… callate….

– No Candelita, dejalo que hable, mi vida, a mí me divierte… es un personaje, el sujeto…

– Socorro! Te lo pido por favor! No tires por la borda esa famosa estirpe tana! Como se dice? Esa ‘Tanez’ tuya…

– Querida, sabés ya las veces que la tiré por la borda, hice bardo…

– Y casi terminaste en el Borda!

– Jajajja… el Moyano, no?

– Vos que te reís, gil?

– Jajajajaja!

– No, si…

– Nos cagamos de risa acá.

– Nos cagamos, es verdad.

– Bueno nene, si querés que tus esperanzas degeneraditas avizoren al menos una mínima y remota posibilidad, empezá por pagar acá…

– Pará, Candela!

– Qué?

– Faltan los flancitos. Chantilly y dulce de leche… y el café.

– Ah, verdad….

– Acá no dejan fumar, no?

– Mozo!

– Pará boló! Vos hacete el yanki y llamalo ‘waiter’…

– Jajajjajaja!

 

(La escena continúa en un taxi que agarra Almirante Brown hacia el Bajo, para después subir por Independencia hasta Floresta, donde viven Socorro y Candela. Rulo va sentado entre las dos y mira pasar distraídamente cosas que conocía, otras que no, otras que quizás conoció pero se le olvidaron. Esa visita al Obrero, uno de los mejores tesoros escondidos de BA, le trajo buenos recuerdos del par de años que vivió en la calle Brandsen, en La Boca, y lo frecuentó cada vez que pudo, muchas veces en compañía de diversos personajes de avería. Distraídamente, o falsamente distraída, su mano juguetea con el escote de Socorro, los muslos de Candela. El chofer del taxi escucha cumbia, y es espantosa, pero a nadie le importa, ni se fijan en los colgantes de Independiente y el pelo muy largo atrás, ruloso, corto por los costados, y goteando algo grasiento, algún gel con un perfume – o peste, más bien – penetrante. Nada de esto ocupa una fracción de segundo en los pensamientos de Candela, Rulo y Socorro, que solo piensan en que hacer con lo que queda de esa noche de marzo, antes de que Rulo tenga que largarse de la ciudad por la mañana)

 

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